El cuaderno gris, de Josep Pla

La comida fue, quizás, un poco mediocre, pero contribuyó positivamente a que yo la encontrase así el hecho de haber tenido que tomar parte en toda la conversación a pesar de no tener absolutamente nada que decir. La comida consistió en un arroz de conejo casero presentado de la manera habitual en tantas casas: el arroz era pastoso, el conejo crudo y la base del sofrito una mera improvisación. Sobre el conejo y el arroz flotaban unos trocitos de tomate que el guisado no había podido absorber. Después apareció un bistec con patatas de un inenarrable provincianismo . Y a continuación, el tortel, con un vino que llamaron de postre y que tuve la debilidad de tragar. ¡Ójala no lo hubiera hecho! La mistela sofisticada me dejó un estómago lúgubre, dolorido y triste.
Josep Pla: El cuaderno gris, Ediciones Destino, Barcelona, Noviembre de 2010.

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