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La busca, de Pío Baroja

julio 9, 2009 by admin

A media tarde, la Petra comenzó a preparar la comida. La patrona mandaba traer todas las mañanas una enorme cantidad de huesos para el sustento de los huéspedes. Es muy posible que en aquel montón de huesos hubiera, de cuando en cuando, alguno de cristiano; lo seguro es que, fuesen de carnívoro o de rumiante, en aquellas tibias, húmeros y fémures no había nunca una mala piltrafa de carne. Hervía el osario en el puchero grande con garbanzos, a los cuales se ablandaba con bicarbonato, y con el caldo se hacía la sopa, la cual, gracias a la cantidad de sebo, parecía una cosa turbia para limpiar cristales o sacar brillo a los dorados.

Después de observar en qué estado se encontraba el osario en el puchero, la Petra hizo la sopa, y luego se dedicó a extraer todas las piltrafas de los huesos y envolverlas hipócritamente con una salsa de tomate. Esto constituía el principio en casa de doña Casiana.

Gracias a este régimen higiénico, ninguno de los huéspedes caía enfermo de obesidad, ni de gota ni de cualquiera de esas otras enfermedades por exceso de alimentación, tan frecuentes en los ricos.

Pío Baroja: La Busca, Caro Raggio, Editor, Madrid, 1973.


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