Agenda de cocina

La Ilíada

11 June, 2008

Y al instante, el velocísimo Aquiles les tendió la mano, diciendo:
-¡Bienvenidos, amigos míos! Muy grande tiene que ser el apuro en el que se ven los griegos cuando se os envía a vosotros, los más ilustres de ellos, y los más dilectos de mi corazón, a pesar de mi enojo.
Hablando así, los invitó a sentarse en escabeles cubiertos de telas purpúreas y prosiguió, dirigiéndose a Patroclo:
-Hijo de Menetio, toma la más grande de las crateras, llénala del vino más añejo y escáncialo en las copas, porque están bajo mi techo los griegos a quienes yo más quiero.
Patroclo obedeció las palabras del entrañable camarada, acercando luego un tajón al fuego después de haber colocado en él los lomos de una oveja y una cabra y la ancha espalda de un suculento jabalí; Automedonte sujetaba la carne y Aquiles la clavó en asadores después de cortarla y hacer las partes, mientras que el hijo de Menecio avivaba un formidable fuego. Y cuando estuvo la leña bien quemada y extinguida la llama, extendió las brasas, puso encima los asadores, bien sujetos con piedras, y sazonó la carne con la divina sal. Patroclo repartió pan en preciosas canastillas cuando la carne estuvo bien asada y servida en la mesa, y Aquiles fue dando su parte a cada uno, sentado frente al divino Ulises, de espalda a la pared, ordenando a su amigo que hiciese la ofrenda a los dioses. Patroclo arrojó las primicias al fuego y cada cual comió parte de los manjares que había dispuestos para él, y cuando todos habían satisfecho el deseo de comer y de beber, Áyax hizo un gesto a Fénix, que enseguida entendió Ulises, llenó éste su copa y exclamó, brindándosela a Aquiles:
- ¡Salve, Aquiles! Muchas gracias por la acogida con que nos has honrado
Cocinero: Homero (La Ilíada. Biblioteca Edaf. Madrid 2004)

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