Veinte mil leguas de viaje submarino
8 June, 2008
Miré al capitan Nemo con un cierto asombro y le dije:
-Comprendo perfectamente que sus redes suministren excelentes pescados a su mesa; me es más difícil comprender que pueda cazar en sus bosques submarinos; pero lo que no puedo comprender en absoluto es que un trozo de carne, por pequeño que sea, pueda figurar en su minuta.
-Nunca usamos aquí la carne de los animales terrestres- respondió el capitán Nemo.
-¿Y eso? -pregunté-, mostrando un plato en el que había aún algunos trozos de filete.
-Eso que cree usted ser carne no es otra cosa que filetes de tortuga de mar. He aquí igualmente unos hígados de delfín que podría usted tomar por un guisado de cerdo. Mi cocinero es muy hábil en la preparación de los platos y en la conservación de estos variados productos del océano. Pruébelos todos. He aquí una conserva de holoturias que un malayo declararía sin rival en el mundo; he aquí una crema hecha con leche de cetáceo; y azúcar elaborada a partir de los grandes fucos del mar del Norte. Y por último, permítame ofrecerle esta confitura de anémonas que vale tanto como la de los más sabrosos frutos.
Probé de todo, más por curiosidad que por gula, mientras el capitán Nemo me encantaba con sus inverosímiles relatos.
Cocinero: Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Alianza Editorial, Madrid, 1987)